Que inocente las pisadas que das a mi corazón
que súblime respiro de mi boca hacia la tuya
que delicada la manera de decirnos adios.
Que sútil el aire que entra a mis pulmones
y éste colibrí que no termina de golpear sus alitas a mi ventana.
Sueles ponerte bello, sol radiante, de espinillas cortantes
de labios llenos de sangre
se me corta todo cuando te veo
se me corta el bello rostro detras del espejo
se siente arenita en tus manos.
Esa puerta nunca descansará de aguantarte
de verte
de cobijarte
éstos pechos
éstas manos
nunca se cansarán de cobijarte
nunca.
Palabras, puertas, labios, techo, piso de madera,
estrellas en el cielo, el llanto herido de mi madre, la suspicacia de mi padre
los momentos tontos en el centro de Lima,
las naúseas, los bukowsky que puedan existir
nada, nada se compará
al momento de tenerte
dentro de mi.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Tienes una poética interesante. Persevera.
Saludos...
Publicar un comentario